La duquesa Meghan: Divide y vencerás

En su reciente libro, Catherine Mayer analiza la manera en que la prensa ha cubierto, para bien o para mal, a las mujeres más poderosas de la realeza británica.

El aperitivo

“Los periodistas están para informar, no para decir si perdonan o no a Meghan la duquesa de Sussex por haber hablado mal de la familia real británica, y si son columnistas, que argumenten en lugar de solo dar su punto de vista como si fuera la verdad absoluta”, dice la escritora y autora Catherine Mayer, en su nuevo libro Divide and Rule, sobre las mujeres más poderosas de la realeza británica y la forma en la que la prensa las ha cubierto para bien o para mal. 

Divide and Rule, de Penguin Random UK (disponible solo en ebook o en e-commerce, porque aún no está traducido al español), es un ensayo feminista que recoge las inconsistencias de las mujeres más famosas de la realeza británica, desde Ana Bolena y su hija Isabel I, la reina Victoria y su descendiente más celebrada Isabel II, hasta la fallecida princesa Diana y sus dos nueras, las jóvenes Meghan Markle y Catherine de Gales.

El plato fuerte

Mayer desentraña la forma en la que sus medios contemporáneos escribieron de ellas, incluso cuando no existía la imprenta y no había periodistas, como es el caso de Anne Boleyn e Isabel I, pero sí que existían los historiadores, los autores teatrales y poetas, quienes se encargaban de ensalzar o arruinar la imagen pública de los nobles. “Y ninguna mujer es tan vilipendiada al día de hoy como lo fue Anne Boleyn”, dice Mayer.

“Esto es relevante porque 500 años después se repite el patrón sin control: alguien decide que Meghan es una mujer malvada y de pronto la prensa comienza a repetir un discurso que llega hasta la gente menos interesada en las monarquías y la convierte en el enemigo público número uno. ¿Su delito? Ser inconsistente, o hablar mucho de sí misma, o ser pretenciosa en su narrativa. Todos conocemos políticos que son mucho peores, que han mentido descaradamente en nuestras narices y que les han costado vidas, ¿y alguien los trata como a ella? ¡No!”.

Si bien es cierto que la cobertura hacia Meghan ha sido preponderantemente machista: “Ella tiene la culpa de todo”, como si el príncipe Harry fuera un niñito o una persona sin capacidad intelectual para pensar por sí mismo. También hay que anotar que ella ha sido inconsistente, incongruente, que ha ocultado, mentido y cambiado datos y narrativas anteriores sin reparo, y que cada entrevista que da es peor que la anterior… O se queja de su familia política y del Reino Unido, o habla desde la superioridad moral de cómo ser madre trabajadora o dice que es la persona más auténtica del mundo con palabras rimbombantes y miradas estudiadas a eje de cámara.

El caso de su esposo es peor: él sí señala, da nombres, apunta culpables y hasta ha estado a punto de llorar en vivo. La blinda, pero al hacerlo la exhibe, puesto que se desdice constantemente de sus aseveraciones del pasado y siempre está a la defensiva contra los medios o el gobierno británico (o el estadounidense, de a gratis) o del palacio real que dirige su padre. Es un trauma andante. 

Todo ello los convierte en un epítome de la más pobre y mal manejada imagen pública de la actualidad (nivel Aldo Rendón en La casa de los famosos si fueran globales), y eso no cancela que sea el receptáculo de machismos, racismos y odios conservadores. 

No estar de acuerdo con sus posturas, o simplemente, no hablar maravillas de ellos es el pasaporte inmediato a ser acusado de racista, asesino (no es broma, “tú quieres matarla”, me han dicho sus feligreses), misógina o envidiosa, en el mejor de los casos. Me parece tan injusto como la exagerada cobertura negativa hacia Meghan que acusa Catherine Mayer.

La sobremesa

Meghan y Harry son dos personajes que polarizan, que generan rage bait, que son clic asegurado y engagement en todo aquello que los medios digitales y las redes sociales hacen y publican hoy en día. El problema es ese, no ellos, pero en la medida en la que esta pareja y otras figuras públicas del corte polémico y polarizador no cambien sus discursos e imagen pública o simplemente cuiden lo que dicen en entrevistas, esa cobertura negativa que señala Catherine o el rage bait nunca van a acabar.

“Meghan es activista por la salud mental ante el cyberbullying siendo una de las personas más ‘bulleadas’ en el mundo por esta vía, pero ella no habla del odio que generan sus seguidores y de que estos cometen esa misma violencia en las redes sociales. ¿Meghan debería hacer algo por evitar que sus seguidores hagan lo mismo que ella padece y reclama?”, se pregunta Catherine Mayer. 

Yo creo que sí. Porque la ciberviolencia es un círculo vicioso y porque la cobertura negativa que ella recibe parece no tener fin. Alguien tiene que cambiar algo y ella no parece querer dar su brazo a torcer y si algo sé yo es que jamás lo hará la prensa británica. Ahora que la pareja ha vuelto a vivir en Reino Unido –y nadie sabe por qué o con qué fin–  la cobertura en su contra se ha exacerbado y ella sigue sin salir a decir nada.

Creo que Divide y vencerás es el lema de Meghan.

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