Además del abuso mismo, del vía crucis que representa la...
Cuando el periodista se lo toma personal
Marius Borg Høiby podría salir inocente de los cuatro años de cárcel que se le sentenciaron por delitos de violación sexual y violencia física. Pero a mí me dicen que no debo criticar a su madre, por sororidad, ¿es así?
El aperitivo
En las últimas semanas he analizado y criticado arduamente a los nuevos reyes de Noruega Haakon VIII y Mette-Marit. Esta última, enredada en los Epstein Files y con un hijo acusado de serios delitos de violencia de género, cuyo juicio va a repetirse porque su defensa logró que admitieran la apelación completa hasta este punto. Se llama Marius Borg Høiby y podría salir inocente de los cuatro años de cárcel que se le sentenciaron por dos delitos de violación sexual y dos más de violencia física.
El plato fuerte
Como periodista no me explico que una nación que se precia de ser liberal, moderna y con altos estándares en derechos humanos, permita que un jefe de estado tenga un hijastro delincuente al que defienda “porque mi familia está primero”, y le permita acudir al funeral de estado del rey Harald V, al punto de cargar el féretro.
Como mujer, me duele profundamente que la madre de un joven acusado de semejantes crímenes, incluidos acoso sexual y otros delitos relacionados a la venta ilegal de drogas, no tome responsabilidad de su crianza, de los actos de su vástago y que, incluso, se haya atrevido, según grabaciones presentadas a la policía noruega, de tratar de persuadir a una de las víctimas de retirar los cargos.
Peor aún, cuando salió exhibida en los Epstein Files, dio una entrevista un mes después para explicar su relación con el delincuente convicto, y la mitad de la entrevista fue “no quiero hablar de eso”. Sentí una profunda rabia. ¿Por qué? Porque he sido una mujer violentada, porque he tenido amigas violentadas de formas aún más graves, porque una de ellas no sobrevivió a la violencia de su pareja y se quitó la vida, porque vivo en un país con altos índices de feminicidios y violencia de género.
Porque no puedo entender a una mujer involucrada con violentadores en una posición tan privilegiada, y que no la use para poner el ejemplo como madre o como reina. ¿Quién soy yo para juzgarla? Una mujer, primero que todo, pero no soy madre y entonces no sé si yo habría hecho lo mismo; pero como sí soy periodista puedo opinar sobre ella y he dejado que la mujer enojada con la violencia de género hable por todas mis facetas. No puedo verlo desde otro lugar. La única faceta que veo es la de una encubridora de violentadores.
Me jacto de ser una periodista justa y objetiva, y en general, suelo serlo con las royals que cubro, ya sea que las conozca en persona o no. Sin embargo, cuando una circunstancia me toca las fibras sensibles me lo tomo personal y uso mi prerrogativa periodística para argumentar.
No siempre lo logro. He llegado al punto de perder una colaboración en un medio de aquel país por ser durísima con ella. Soy todavía más implacable con el ex príncipe Andrés, hermano del rey Charles III de Reino Unido, quien no solo fue amigo cercano de Epstein sino que participó en su vida social y fue acusado por la fallecida Virginia Giuffre de haber abusado de ella en dos ocasiones distintas cuando era menor de edad.
Solo que cuando se trata de criticar a otra mujer la gente suele perder de vista el motivo. “No hables mal de otra mujer, ella es madre y no la entiendes. Ella no tiene la culpa de que su hijo sea un delincuente. Ella no cometió ningún crimen”. El tema se desvía hacia otro lado. Aunque algunas de estas consideraciones son legítimas, no puedo dejarlas pasar por el simple hecho de que Mette-Marit representa a la integridad de un estado y de que yo me dedico a estudiar y analizar dichos estados.
Es mi trabajo.
Si de este nuevo juicio su hijo Marius resultara inocente el impacto sería brutal. Significaría que él fue la víctima y no el victimario y se perpetuaría el discurso de la “manósfera” de que los hombres son las víctimas de las mujeres malvadas que mienten y se aprovechan de ellos para desprestigiarlos por dinero.
Significaría que, aunque las estadísticas mundiales indican que son millones los hombres que maltratan mujeres o cometen feminicidios, un caso aislado pero muy mediático y protagónico, se convertiría en el caso insignia que desacredite a la violencia de género.
La sobremesa
Es verdad que hay hombres que son acusados falsamente. Es verdad que la cultura de la cancelación se ha vuelto insoportable cuando se trata de mujeres que acusan a celebridades en X, antes Twitter, sin más y nadie se molesta en averiguar nada antes de arruinarles la carrera o la vida. Es verdad que no todos los hombres son violentadores, pero es verdad también que los hombres que violentan, matan y perpetran acoso sexual son los suficientes para volverlo un problema de violencia social primordial.
Marius Borg fue acusado por cinco mujeres de varios de estos delitos. Salió culpable de cuatro. Podría salir libre. Su madre es la reina de Noruega. Claro que es un caso que me tomo de manera personal. ¿Debería hacerlo? Leo sus comentarios.
Gabriella Morales-Casas (@elprincipadogaby)
Es periodista desde 1993 y se desempeña como comentarista de televisión y radio, además de ser creadora de contenido en @elprincipadogaby. Como consultora de comunicación y relaciones públicas, ha trabajado en dobleuEse Atelier desde 2020, donde actualmente es directora de Foreign Affairs.
Gabriella Morales-Casas (@elprincipadogaby)
Es periodista desde 1993 y se desempeña como comentarista de televisión y radio, además de ser creadora de contenido en @elprincipadogaby. Como consultora de comunicación y relaciones públicas, ha trabajado en dobleuEse Atelier desde 2020, donde actualmente es directora de Foreign Affairs.
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