Además del abuso mismo, del vía crucis que representa la...
El pobre legado de Diana
El conde Spencer escribió “Swan Song, my sister”, un libro sobre su hermana que no la reivindica en absoluto.
El aperitivo
La princesa Diana de Gales, o como popularmente se le conoce: Lady Di, fue un icono cultural de los años 80 y 90 dentro y fuera de la monarquía británica a la que pertenecía por su matrimonio con el entonces príncipe de Gales.
Era hermosa, refinada, fashionista y divertida, pero sobre todo, era una mujer filántropa y auténtica cuyo carisma y personalidad encantaban a la gente sin esfuerzo. Se veía “real”. Pero murió a los 36 años en un terrible accidente automovilístico, con su “amigovio” Dodi Al Fayed, mientras huía de los paparazzi que la perseguían en París.
Sucedió el 30 de agosto de 1997 y aunque los hijos que dejó siguieron sus vidas y su exesposo, el príncipe Charles, llegó a ser rey y rehabilitó su imagen de marido infiel y odiado (vamos, que se casó con “la otra”, la hoy reina Camilla, quien hace un excelente trabajo institucional), siempre hay alguien que no la deja descansar en paz.
Primero fue su hijo menor, el príncipe Harry, usándola como justificación para salirse del aparato monárquico al compararla con su esposa Meghan Markle: “No quiero que la prensa la siga atacando y la historia de mi madre se repita”. Ahora es el hermano menor de Diana.
El plato fuerte
Conocido como el conde Spencer, el historiador y escritor inglés decidió lanzar una biografía de su “amada hermana” contada desde su punto de vista. Se llama Swan Song Diana, my sister y está editado al español por Plaza & Janés. El libro es entretenido, conmovedor y por momentos bastante morboso. También es un instrumento “desprestigiador” y desdeñoso hacia la que fue familia política de Diana: los Windsor.
El conde no escatima en críticas y anécdotas torcidas sobre la difunta reina Isabel II y su esposo el duque de Edimburgo, el excuñado Charles III –entonces príncipe de Gales– y hasta la princesa Ana, hermana de éste, así como de otros personajes palaciegos.
El problema no es que escriba un libro o tunda a los exfamiliares, sino que el objetivo no queda claro. ¿Es un libro para redimir a Diana? Porque no se logra. ¿Es para acusar a la monarquía? Porque sí se logra. Aunque en sus múltiples entrevistas para promover el libro, Charles Spencer afirma que ni es monárquico ni le importan los Windsor y que no hizo el libro pensando en ellos, la narrativa de sus 32 capítulos cuenta otra cosa.
En medio de los recuerdos de la infancia y la juventud con Diana, los momentos fraternales y hasta los pleitos con ella, aparecen los puyazos hacia la familia real británica de forma consistente. En otro tono más amable, afirma que Diana lo designó como guardián de sus hijos y pensó en salvaguardar la tranquilidad de Harry y William durante los preparativos del funeral, y que la famosa elegía estruendosamente aplaudida por el público dentro y fuera de la Abadía de Westminster el día del servicio, fue para ellos.
Sin embargo, durante los siguientes 29 años no cumplió con la promesa de ser un tío presente y constante: (“Te prometo que esta, tu familia de sangre, cuidará el alma de esos dos niños para que crezcan en el amor que tú les diste y no se pierda su bondad entre la obligación y la tradición”). Y para ellos su actual postura representa una desventaja.
Harry quiere regresar al seno de la familia real y no se va a poner del lado del tío para hacer enojar a su padre, el rey. Y flaco favor le hace a William como actual príncipe de Gales y heredero de la Corona británica, a quien claro que le importa la institución, el prestigio de su padre y el respeto a la tradición. ¿Qué pretende, que le aplauda? Ya no es 1997.
¿A quién beneficia arrastrar por el lodo a la familia real? A William no. Entonces, ¿beneficia a Diana de Gales revelar todo esto? Tampoco. Al final, la defensa que pretende enarbolar por Diana y todo lo que cuente de su vida juntos, se desdibujan completamente ante los oprobios dirigidos hacia los Windsor. El público y la prensa hablan solo de eso y no de lo otro, de la “verdadera Diana Spencer”.
La sobremesa
Con este nuevo libro, la princesa Diana se reduce, una y otra vez, a lo mismo de siempre: a la cornuda del triángulo amoroso que protagonizó, la paranoica de la infame entrevista del programa Panorama, de la BBC, en la que se desbocó y luego se arrepintió, y a la víctima del terrible accidente que le quitó la vida.
Regurgitar en estos puntos la disuelve y la aleja de lo que realmente es o debería ser su legado: cambió la forma de encarar y vivir la monarquía, se mostró auténtica y cariñosa, vio por los verdaderamente vulnerables, adoptó causas duras, poco conocidas incluso oscuras, para darles voz y visibilidad. Diana, fuera de sus avatares, sus dramas y hasta su propia tragedia final, fue mucho más de lo que su propia sangre insiste en explotar: su malditismo.
Qué triste, porque Diana no solo fue eso.
Gabriella Morales-Casas (@elprincipadogaby)
Es periodista desde 1993 y se desempeña como comentarista de televisión y radio, además de ser creadora de contenido en @elprincipadogaby. Como consultora de comunicación y relaciones públicas, ha trabajado en dobleuEse Atelier desde 2020, donde actualmente es directora de Foreign Affairs.
Gabriella Morales-Casas (@elprincipadogaby)
Es periodista desde 1993 y se desempeña como comentarista de televisión y radio, además de ser creadora de contenido en @elprincipadogaby. Como consultora de comunicación y relaciones públicas, ha trabajado en dobleuEse Atelier desde 2020, donde actualmente es directora de Foreign Affairs.
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