En The Morning Show, a Hannah Shoenfeld le ofrecen un ascenso para que no cuente lo que le pasó. No...
En un mundo de hombres, ¿quedarse callada o hablar?
En The Morning Show, a Hannah Shoenfeld le ofrecen un ascenso para que no cuente lo que le pasó. No es un recurso dramático exagerado: es el mismo cálculo que hacen miles de mujeres en México antes de decidir si denuncian o no.
El aperitivo
En un flashback a 2017, Hannah Shoenfeld —jefa de información del noticiero matutino de la cadena ficticia UBA— es agredida sexualmente por Mitch Kessler, la estrella del programa, al regresar de cubrir el tiroteo de Las Vegas. Durante el ataque, Hannah se queda paralizada, una reacción de supervivencia que Mitch decide interpretar como consentimiento.
Antes de que Hannah pueda denunciar nada, Fred Micklen, el presidente de la cadena, se adelanta: la asciende a jefa de reservaciones. No es un reconocimiento a su talento, es una forma de comprar su silencio con la carrera que ella misma había construido durante años en una industria brutalmente competitiva y abrumadoramente dominada por hombres. Hannah acepta.
¿Qué otra opción parecía tener?
Calla durante dos años. Solo al final de la primera temporada se atreve a contarle lo ocurrido a la conductora Bradley Jackson, y acepta corroborar cómo Fred facilitó su ascenso, y solo después de asegurar un nuevo puesto en Los Ángeles que, piensa, finalmente le permitirá dejar todo atrás. Antes de que su testimonio salga al aire, Hannah muere por una sobredosis. Su muerte es lo que finalmente obliga a la cadena a exponer, en vivo, la complicidad institucional que llevaba años protegiendo a Mitch.
Hannah no calló por cobardía. Calló porque entendió, correctamente, que levantar la voz podía costarle exactamente lo que había luchado tanto por conseguir.
El plato fuerte
El dilema de Hannah no es exclusivo de un noticiero ficticio en Nueva York. Es, estadísticamente, la norma en México. En este mismo espacio documentamos hace algunas semanas que, según análisis de Inmujeres sobre la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) del INEGI, 91.2% de las mujeres que viven violencia laboral no denuncia ni busca apoyo institucional. El patrón de Hannah (silencio a cambio de permanencia) es, para la mayoría, más regla que excepción.
La ley mexicana sí le pone nombre a lo que vivió Hannah. El artículo 3.º Bis de la Ley Federal del Trabajo distingue el hostigamiento sexual (ejercicio del poder en una relación de subordinación) del acoso sexual, que ocurre incluso sin subordinación formal, pero con un claro abuso de poder que genera indefensión.
El artículo 47, fracción VIII, faculta al patrón a rescindir la relación laboral del agresor, sin responsabilidad para la empresa, cuando el hostigamiento o acoso queda probado. Es decir: la ley no deja a la empresa sin herramientas. Lo que Fred Micklen hizo (reubicar a la víctima para proteger al agresor) es exactamente lo opuesto de lo que la ley mexicana contempla como respuesta correcta.
Además, desde 2018 la Norma Oficial Mexicana NOM-035-STPS obliga a los centros de trabajo a identificar y atender los factores de riesgo psicosocial, incluida la violencia laboral, y a contar con mecanismos de denuncia confidenciales que, al menos en el papel, deberían proteger a quien denuncia de represalias. El problema de Hannah (y el de tantas mujeres reales) es que esa protección solo funciona si la empresa decide investigar en vez de simplemente reubicar el problema. Cuando no lo hace, la propia LFT prevé sanciones económicas de entre 250 y 5,000 UMA (aproximadamente 28,285 a 565,700 pesos) para el patrón que incumple su obligación de investigar con imparcialidad y confidencialidad.
Un dato reciente ayuda, además, a derribar uno de los miedos más comunes detrás del silencio: el de no ser creída. Un criterio judicial reciente estableció que, en casos de hostigamiento repetido, no puede exigirse a la víctima precisión absoluta sobre cada incidente; su testimonio, junto con indicios y otros elementos, es prueba suficiente. La ley, al menos en este punto, ya no exige lo imposible.
Y hay un dato más que explica por qué el escenario de The Morning Show (una mujer sola, luchando por sostenerse en una industria de hombres) no es casualidad narrativa. Según un análisis del Reuters Institute sobre 240 medios en doce países, solo 24% de los editores principales son mujeres, y México está entre los peor posicionados: apenas 6% de liderazgo editorial femenino, estancado entre 2020 y 2024, con un escenario en el que solo 17% del consumo de noticias en línea proviene de medios dirigidos por mujeres (frente a 76% en Finlandia). A este ritmo, calcula el estudio, lograr la paridad en liderazgo editorial tomaría hasta el año 2074. El “mundo de hombres” de Hannah Shoenfeld no es una exageración de guionista: en los medios de comunicación, es casi literal.
La sobremesa
Hannah Shoenfeld es un personaje de ficción, pero el cálculo que hizo es completamente real: pelear años por un lugar en una industria que ya de entrada tiene pocos espacios para mujeres, y después tener que decidir si ese lugar vale más que la justicia, o si la justicia puede, de alguna forma, esperar.
La pregunta que The Morning Show le hace a cualquier empresa (mexicana o no) es incómoda pero necesaria: cuando una mujer en su organización enfrenta ese mismo cálculo, ¿la empresa investiga y sanciona, como ya lo exige la ley, o resuelve el problema moviendo a la víctima de lugar, como hizo Fred Micklen? Porque mientras la segunda opción siga siendo más común que la primera, el silencio seguirá pareciendo, para muchas Hannahs reales, la decisión más segura disponible.
Christina Martínez (@chris.tuabogada)
Especialista en Derecho Corporativo, Laboral y Migratorio. Asesora a empresas nacionales e internacionales en estrategias corporativas, laborales, migratorias, cumplimiento normativo y transformación organizacional. Convencida de que ningún protocolo interno sirve de nada si, en la práctica, nadie se atreve a usarlo.
Christina Martínez (@chris.tuabogada)
Especialista en Derecho Corporativo, Laboral y Migratorio. Asesora a empresas nacionales e internacionales en estrategias corporativas, laborales, migratorias, cumplimiento normativo y transformación organizacional. Convencida de que ningún protocolo interno sirve de nada si, en la práctica, nadie se atreve a usarlo.
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