¡Argentinofobia! Ches insoportables… y también indispensables

Mientras gritábamos goles, México perdió millones en productividad, turismo y ¡sentido común! El Mundial 2026 dejó estadios llenos… y pymes vacías.

El aperitivo

Medio mundo quiere verlos perder

Lo confieso ante Dios y ante la C-Suite: soy poliamorosa. Tengo dos maridos argentinos, una esposa mexicana y, en dobleuEse, un batallón de colaboradores che. Los amo con el alma. Y aun así, más de una noche he pecado de pensamiento, palabra y obra vociferando: “¡Ches argentinos, son insoportables!”. Bienvenidos a mi contradicción favorita, que resulta ser la de media humanidad. Este sábado 19 la Albiceleste juega la final del Mundial contra España, y su camino reavivó un fenómeno viejísimo con nombre nuevo: la argentinofobia. Y ojo: no es pleito de vecindario. Prende en América Latina, en las tribunas de Europa y en el X anglosajón. Medio planeta quiere ver perder a la Albiceleste. Spoiler para tu junta del lunes: no es de fútbol, es de branding.

El plato fuerte

Empecemos por el origen, porque esto no lo inventó X: es un branding de más de dos siglos. Cuando en 1806 y 1807 las milicias criollas de Buenos Aires expulsaron solitas -y dos veces- a un ejército del Imperio Británico, se les instaló una autosuficiencia descomunal. La inteligencia británica de la época ya describía a esa población como “enamorada de sí misma”; después Sarmiento anotó su altísima conciencia del propio valor y Ortega y Gasset bautizó el arquetipo del guarango, narcisista absorto en su grandeza. Moraleja para marcas y personas: una reputación de doscientos años no la borra un buen partido, pero tampoco la creó el algoritmo. Haz de cuenta el “ódiame más” del América en México, pero con más años.

Lo que sí hicieron las redes fue ponerle amplificador y modelo de suscripción. Argentina es hoy un caso de manual de crisis reputacional autoinfligida y amplificada: autoinfligida por frases como la del expresidente Alberto Fernández (“los argentinos bajamos de los barcos, los mexicanos vienen de los indios”), un tiro de gracia al posicionamiento regional; amplificada porque el algoritmo ama el pleito y prioriza la polémica que maximiza el engagement. El odio a la albiceleste no es del todo orgánico, es un modelo de negocio, y alguien lo monetiza. Encima hay un malentendido cultural: lo que un mexicano lee como soberbia -discutir a los gritos, contradecirte-, para el argentino es afecto y pertenencia. El envoltorio no es el contenido.

Y lo que el estereotipo esconde: mientras las redes gritan “soberbios”, los números cuentan otra historia.

La diáspora argentina en México es ‘migración calificada’. La Jefatura de Gabinete estima 50,652 personas -tercera comunidad sudamericana más numerosa-, con licenciatura y posgrado por las nubes. En la Benito Juárez, donde muchos se asientan, la escolaridad promedio es de 14.6 años, la más alta del país, contra 9.7 nacional. Ese “che insoportable” probablemente dirige una multinacional, monta el restaurante que amas o investiga en un laboratorio. Y hay deuda de cariño: tras la dictadura del 76, México abrió las puertas a miles de exiliados, y de ahí nació el legado Argenmex.

Bueno, pero ¿quién gana de esto? En este próximo domingo específico, gana la FIFA, obvio, haciendo uso de la receta infalible de crear un villano y divide y vencerás. La final de 2022 (Argentina-Francia) juntó 1,500 millones de espectadores globales, la más vista de la historia, según FIFA, y todo apunta a que la de 2026 va a, por mucho, a romper ese récord.

La mayoría de los mexicanos estamos en actitud de, pues, entre Guatemala y Guatepeor… que gane España (con quien tenemos mucha más historia compartida y varios pollitos que comernos con los gachupines, aunque en el inter varios ya reclaman su nacionalidad española), pero que no gane Argentina, dicen.

Dos remates. Uno de management: Scaloni les muestra a sus jugadores el odio para encender rebeldía y unir al grupo, el hate como combustible. Otro para bajar los humos: el intercambio comercial México-Argentina cayó 25.33% en un año y Argentina es apenas el socio número 31 de México. Mucho grito, poca chequera.

La sobremesa

Que se decida en la cancha

Para que brilles en la sobremesa del finde: el bypass de vena safena, del argentino René Favaloro, es el único invento latinoamericano entre las 400 ideas que cambiaron la historia según Google Arts. El stent Palmaz está hoy en más de 80% de las cirugías cardiovasculares del planeta. Súmale tres Nobel de ciencia, a Borges en 25 idiomas y a Mafalda en decenas de lenguas. ¿Soberbios? Ellos lo admiten primero: 53.2% se autodefine como la población más arrogante de América Latina. Y el remate, ¿que si los argentinos compraron el Mundial?

¡Por favor!: el PIB de México es casi tres veces el argentino y exporta nueve veces más. Che, a discutirlo en la sobremesa.

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Gabriel Bauducco

(@gabrielbauducco) Es un periodista que hizo carrera entre redacciones, sets de TV y libros de no ficción. Ha dirigido varias revistas. Hoy combina su faceta de entrevistador con la de editor, moviéndose entre medios, aulas y foros de discusión sobre política y comunicación.

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