Dejemos de satanizar a los argentinos por las redes sociales… Todos en el mundo de la comunicación y el marketing sabemos que lo peor de la gente está en las redes (especialmente en X) y que lo que parece “una multitud digital” es apenas del tamaño de Topilejo, tan pequeño y aislado. También sabemos que la violencia digital proviene de la más baja intelectualidad y que existe en todos los países del mundo y en todos los sectores: política, espectáculos, deportes y así, hasta el infinito.
El aperitivo
La violencia no representa a una nación
El hate digital de los aficionados argentinos al fútbol es proporcional al de los mexicanos que ofenden mujeres en las cuentas de fútbol (o de los mismos violentadores de la árbitra mexicana Katia Itzel García, que incluso lo denunció como amenazas de muerte), o de las mujeres que ofenden a otras mujeres en cualquier post de astrología. La ciberviolencia es real, pero no representa la generalidad o la postura de una nación completa.
Excepto, claro, cuando esa violencia sobrepasa el teclado y se presenta fuera o dentro de los estadios: los aficionados borrachos mexicanos que siguen gritando “p*tooooo”, o los aficionados argentinos que queman banderas inglesas como vándalos o van a la Plaza Mayor de Madrid a gritar: “hijos de p*uta” previo a la final del Mundial, o las arengas en cualquier lugar del mundo menospreciando civilmente a otras nacionalidades, en esos países ajenos.
El plato fuerte
La manta y el festejo del escándalo
La ignorancia de los aficionados no es cosa menor, pero es mucho peor cuando quienes la perpetúan son los medios de comunicación locales o, peor aún, las propias selecciones. Los jugadores de la albiceleste mostraron una manta en el partido contra Inglaterra con la leyenda: “Las Malvinas son argentinas”, politizando no solo el fútbol, sino opacando su extraordinaria labor en el campo como los genios del balón, y contando con el mejor futbolista de la historia que es Messi, quien también participó en la arenga.
El problema es que se trata de una postura gubernamental cuya ofensiva viene desde la Casa Rosada (oficina y residencia del presidente argentino), como si el fútbol fuera la presidencia del país o, peor aún, el delantero Lautaro o el presidente de la ONU. En el mundo de Javier Milei, el presidente populista argentino, todo es posible tan solo con decirlo, pero la política global no se mueve así, aunque su “compa” sea el también bocazas presidente Trump.
Milei sabe que Reino Unido no cuenta con el apoyo militar de Estados Unidos como en 1982 -cuando sucedió la Guerra por las Falklands, como se llaman oficialmente Las Malvinas-, pero Reino Unido sabe que a los mandatarios veleidosos no se les debe alimentar con incordios o, más bien, hay que dejarlos hablar solos, como ha sido su estrategia con el propio Trump.
El problema aquí no es el gobierno o la afición, es la postura de la Asociación Argentina de Fútbol (AFA) y de los jugadores, quienes al comprarse un pleito político que no les corresponde le dan legitimidad a todo lo demás: el hate digital, la mala imagen de sus aficionados y al racismo y la xenofobia que estos han mostrado dentro y fuera de los estadios y las pantallas.
Quizás lo más triste es que la afición sudamericana pierde en fair play e imagen pública frente a las que fueron también aficiones violentas, como la inglesa y la alemana, por ejemplo, que han sido amables, respetuosas y decentes en este Mundial.
La sobremesa
Mejores que Milei
Que dos países cuya historia ha estado marcada por discriminaciones brutales hayan logrado erradicar el “hooliganismo” al tomarlo con seriedad gubernamental y hoy muestren civismo y deportividad afín a los cambios políticos y sociales del Siglo XXI (con todo y la ola de derechas que crece en Europa), hace quedar muy mal a los hispanoamericanos argentinos.
“No hay nada peor que un latinoamericano queriendo ser colonizado”, es una frase que se repitió entre activistas latinos durante la ocupación estadounidense de Venezuela, tras la captura del dictador Nicolás Maduro. La paradoja es que Las Malvinas fueron una bandera de la Junta Militar que oprimió a Argentina y que provocó la guerra que les costó 649 soldados fallecidos. ¿Por qué revivir eso en el que podría ser su bicampeonato en el fútbol mundial?
Ojalá que su afición y sus jugadores fueran mejores que Milei. Messi y su fútbol lo merecen.


