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Mucho coche, pero sin casa
Vendemos autos récord, pero lo que más exporta México ya son los servidores de IA. Washington quiere ponerles reglas de coche. Y nadie sabe dónde mueren los que ya rodaron.
El aperitivo
Hoy el tráfico me regaló una hora para pensar, que es lo único que esta ciudad reparte gratis. Y ahí, pegada al volante, saqué una cuenta que me movió el tapete: llevo siete coches en 23 años. Uno de cada tres, en promedio. Mi abuelo tuvo dos en 93 años de vida. Dos. Para su generación, el automóvil era el lujo y la casa el trámite: era más fácil comprar casa que un auto, y así lo hizo él. Hoy es al revés: la casa te hipoteca 30 años de vida y el coche te lo dejan ir a seis, con bono, sonrisa y cafecito en la agencia. Fast fashion, dicen; fast leasing, diría yo. Los números me dan la razón: entre enero y agosto se vendieron 1,014,832 autos nuevos, el mejor arranque desde que el INEGI lleva la cuenta. Récord histórico. Lástima que justo cuando el coche andaba de fiesta, le quitaron la corona.
El plato fuerte
Porque el auto ya no es lo que más exporta México. En 2025, el equipo de cómputo lo destronó por primera vez: 85,400 millones de dólares, un brinco de casi 145% en un año, según Banco Base. Hoy, México surte el 40% de los servidores que compra Estados Unidos —solo nos gana Taiwán— y siete de cada diez dólares de esa exportación salen de Chihuahua y Jalisco.
Y aquí el chisme bueno, cortesía del Wall Street Journal. Washington quiere que los servidores de IA y el equipo de cómputo armados en México traigan un mínimo de piezas norteamericanas. Igualito que los coches, que necesitan 75% de contenido regional para cruzar sin arancel.
El objetivo declarado: que las empresas chinas no usen a México de puerta trasera para brincarse los aranceles que a ellas sí les cobran.
Ojo: todavía no hay número ni plazo. Es propuesta temprana en la revisión del T-MEC y la cuentan personas metidas en la negociación.
¿Por qué nos debe quitar el sueño? Porque aquí ensamblamos, no fabricamos. Más de 95% de los insumos de la industria mexicana de cómputo viene de fuera, contra el 71% en la de transporte, según UBS. Nada más de Taiwán importamos 43,910 millones de dólares en el primer semestre, el triple del año pasado. Las piezas llegan asiáticas, se arman —Foxconn ensambla aquí los servidores de IA de Nvidia— y salen con pasaporte mexicano. Ahora quieren saber de qué rancho salió cada pieza. Hasta hoy, el cómputo cruzaba fácil justo porque no tiene reglas de origen. Eso es lo que se acabaría.
La sobremesa
Y queda mi pendiente del tráfico: ¿dónde andará mi primer vehículo? ¿Todavía rodará? Lo más seguro es que sí, porque en México los coches no mueren: reencarnan. La edad promedio del parque vehicular es de 16.2 años; ocupa el lugar 62 de 75 países medidos; en Singapur es de 5.9.
Aquí el auto no se jubila, se hereda al sobrino, se hace taxi en provincia, baja de estado en estado y acaba en un deshuesadero, donando órganos pieza por pieza.
Cada año, cerca de un millón de vehículos llega al final del camino y no hay ley que diga qué hacer con ellos. El programa federal de “chatarrización” destruyó 41,949 unidades en doce años. Saque la cuenta conmigo: lo que el gobierno “chatarrizó” en doce años son los coches que mueren en quince días. Compramos como nunca, fabricamos poco y no enterramos a nuestros muertos.
Mi abuelo, con sus dos coches, resultó más sustentable que todos nosotros. Y ni lo intentaba.
El aperitivo
Hoy el tráfico me regaló una hora para pensar, que es lo único que esta ciudad reparte gratis. Y ahí, pegada al volante, saqué una cuenta que me movió el tapete: llevo siete coches en 23 años. Uno de cada tres, en promedio. Mi abuelo tuvo dos en 93 años de vida. Dos. Para su generación, el automóvil era el lujo y la casa el trámite: era más fácil comprar casa que un auto, y así lo hizo él. Hoy es al revés: la casa te hipoteca 30 años de vida y el coche te lo dejan ir a seis, con bono, sonrisa y cafecito en la agencia. Fast fashion, dicen; fast leasing, diría yo. Los números me dan la razón: entre enero y agosto se vendieron 1,014,832 autos nuevos, el mejor arranque desde que el INEGI lleva la cuenta. Récord histórico. Lástima que justo cuando el coche andaba de fiesta, le quitaron la corona.
El plato fuerte
Porque el auto ya no es lo que más exporta México. En 2025, el equipo de cómputo lo destronó por primera vez: 85,400 millones de dólares, un brinco de casi 145% en un año, según Banco Base. Hoy, México surte el 40% de los servidores que compra Estados Unidos —solo nos gana Taiwán— y siete de cada diez dólares de esa exportación salen de Chihuahua y Jalisco.
Y aquí el chisme bueno, cortesía del Wall Street Journal. Washington quiere que los servidores de IA y el equipo de cómputo armados en México traigan un mínimo de piezas norteamericanas. Igualito que los coches, que necesitan 75% de contenido regional para cruzar sin arancel. El objetivo declarado: que las empresas chinas no usen a México de puerta trasera para brincarse los aranceles que a ellas sí les cobran.
Ojo: todavía no hay número ni plazo. Es propuesta temprana en la revisión del T-MEC y la cuentan personas metidas en la negociación.
¿Por qué nos debe quitar el sueño? Porque aquí ensamblamos, no fabricamos. Más de 95% de los insumos de la industria mexicana de cómputo viene de fuera, contra el 71% en la de transporte, según UBS. Nada más de Taiwán importamos 43,910 millones de dólares en el primer semestre, el triple del año pasado. Las piezas llegan asiáticas, se arman —Foxconn ensambla aquí los servidores de IA de Nvidia— y salen con pasaporte mexicano. Ahora quieren saber de qué rancho salió cada pieza. Hasta hoy, el cómputo cruzaba fácil justo porque no tiene reglas de origen. Eso es lo que se acabaría.
La sobremesa
Y queda mi pendiente del tráfico: ¿dónde andará mi primer vehículo? ¿Todavía rodará? Lo más seguro es que sí, porque en México los coches no mueren: reencarnan. La edad promedio del parque vehicular es de 16.2 años; ocupa el lugar 62 de 75 países medidos; en Singapur es de 5.9.
Aquí el auto no se jubila, se hereda al sobrino, se hace taxi en provincia, baja de estado en estado y acaba en un deshuesadero, donando órganos pieza por pieza.
Cada año, cerca de un millón de vehículos llega al final del camino y no hay ley que diga qué hacer con ellos. El programa federal de “chatarrización” destruyó 41,949 unidades en doce años. Saque la cuenta conmigo: lo que el gobierno “chatarrizó” en doce años son los coches que mueren en quince días. Compramos como nunca, fabricamos poco y no enterramos a nuestros muertos.
Mi abuelo, con sus dos coches, resultó más sustentable que todos nosotros. Y ni lo intentaba.
Sagrario Saraid (@ssaraid)
Comunicación y branding estratégico. Escribe los jueves en Sobremesa sobre negocios, mercados y las tendencias que le quitan el sueño a la C-Suite. Cree que toda cifra de mercado esconde una historia de comportamiento humano, y que vale la pena contarla bien.
Sagrario Saraid (@ssaraid)
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