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Iron Maiden: dos horas de espera por una cerveza
Iron Maiden: dos horas de espera por una cerveza
Previo al concierto del grupo en México, los fans hicieron fila para entrar al Eddie’s Dive Bar. No es nada del otro mundo, excepto la sensación de asistir a un funeral en vida.
El aperitivo
“La fila de espera es de dos horas, pero no te aseguro nada”. La anfitriona del Eddie’s Dive Bar repitió tantas veces la frase que se notaba el hartazgo en el tono. Desde el 30 de septiembre y hasta el 4 de octubre, el Hard Rock Café se transformó en una pop-up store de mercancía oficial de Iron Maiden, que este viernes se presenta en el Estadio GNP. Pero a la máquina de hacer dinero que representa el grupo británico se le ocurrió una idea fascinante: recrear en las instalaciones del restaurante, el mítico Eddie’s Dive Bar, el punto de peregrinación que existió entre 1989 y 2009 en Santa Bárbara de Nexe, Portugal.
El plato fuerte
Originalmente regenteado por un amigo personal del bajista Steve Harris y ex roadie del grupo, se convirtió en un punto de peregrinación para los fans de Iron Maiden, que acudieron en estampida a disfrutar de una cerveza mientras escuchaban música de la Doncella y admiraban la “memorabilia” en exhibición.
En el Hard Rock no hay nada de eso. Pero sí se reproduce infinitamente una lista de reproducción con la historia musical de la agrupación, conformada por 17 discos de estudio, además de servir la Trooper, cerveza oficial del grupo, elaborada en colaboración con la cervecería británica Robinsons Brewery, y ofrecer platillos inspirados en los títulos de sus canciones, como la the number of the beast burger o the trooper wings.
Nadie lo dice, mucho menos el grupo, pero es casi un hecho que esta sea la última vez que Iron Maiden actúe en México. El tiempo es un enemigo invencible. Sus integrantes tienen una edad promedio de 70 años. Aunque gozan de una aparente buena salud, entre ellos hay un sobreviviente de cáncer: el vocalista Bruce Dickinson.
A finales de 2024, luego de haberse recuperado de un derrame cerebral, el baterista Nicko McBrain ofreció su último concierto junto a sus compañeros en São Paulo.
Anoche, mientras brindábamos con una Trooper en el Eddie’s Dive Bar y escuchábamos su música a todo volumen, volvió a circular entre el grupo de amigos esa misma sensación de asistir a un velorio anticipado que nos inundó cuando nos reunimos a ver por streaming el último concierto de Black Sabbath desde Birmingham, solo 17 días antes de la muerte de Ozzy.
Esa misma pesadumbre inundaba a quienes llegaban ilusionados al Hard Rock y se encontraban con un: “la fila de espera es de dos horas, pero no te aseguro nada”. Quizá por eso es que uno de mis amigos se levantó de sopetón de la mesa, salió del restaurante y volvió con una camiseta de Iron Maiden puesta encima de la camisa y la corbata. Le costó más de 900 pesos, pero como dijo, vida solo hay una.
Steve Harris fundó el grupo en 1975 en el este de Londres. Además de inventar un estilo, creó también un imperio que le ha dejado una fortuna estimada en 50 millones de dólares, según Celebrity Net Worth. Solo por concepto de giras, se calculan ingresos netos de 681 millones de dólares, además de haber colocado más de 130 millones de copias de sus discos.
La cerveza Trooper se exporta a más de 60 países y ha vendido alrededor de 50 millones de pintas hasta 2026.
Además de conciertos, el grupo vende muchísimas cosas. En casi todas aparece Eddie The Head, su mascota. Creado por Derek Riggs en 1980, aparece en las portadas de los discos, en las camisetas y sobre el escenario. Es parte de ese sentimiento de pertenencia que distingue a los fans del grupo.
La sobremesa
Pero ese consumo no se explica sin la pasión. Quienes crecimos y envejecimos con Maiden, los que antes movíamos el cabello al ritmo de su música y hoy solo sacudimos la calva, sabemos que despedir a nuestros artistas es despedirnos también de una parte de nosotros.
Megadeth se encuentra en plena gira del adiós y Metallica inauguró una residencia en la Esfera camino a lo que podría ser la última recta de su trayectoria. Es nostalgia, sí. Pero lo que nos hace gastar dinero también es reunirnos con nuestros pares a lamer las heridas del tiempo y despedir en vida a nuestros ídolos musicales.
Hace tiempo vi un reel de un fan de AC/DC hablando de lo viejo que es Angus Young (vaya ironía de apellido), de que ya no toca con la misma energía y que su flama está a punto de extinguirse: “Pero si AC/DC ofrece un concierto, claro que voy a ir, porque se lo debo. Es un asunto de lealtad”.
Solo eso explica que dos, tres o a veces cuatro horas de espera sean pocas para sentarte en una mesa y tomarte una cerveza en una lata con la cara de Eddie.
Arturo J. Flores (@arturoeleditor)
Es escritor, periodista y guionista. Ha trabajado con publicaciones internacionales como In Touch y People en Español, además de haber sido editor de Playboy México. Es autor de varios libros entre cuento y crónica, así como ganador del Premio Justo Sierra O’Reilly de Novela. Está convencido de que, además de huesos y músculos, el ser humano está hecho de historias.
Arturo J. Flores (@arturoeleditor)
Es escritor, periodista y guionista. Ha trabajado con publicaciones internacionales como In Touch y People en Español, además de haber sido editor de Playboy México. Es autor de varios libros entre cuento y crónica, así como ganador del Premio Justo Sierra O’Reilly de Novela. Está convencido de que, además de huesos y músculos, el ser humano está hecho de historias.
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