
¿La familia o la obligación?
Algunas generaciones crecieron pensando que deberían dejar la vida en el trabajo. Otras —mucho más actuales— sostienen que la familia es lo primero y más importante. ¡Sorpresa! Entre las monarquías también se dividen opiniones.
El aperitivo
Desde la posguerra y la era de los baby boomers hasta la Generación X, el concepto del trabajo y el sacrificio por encima del bienestar personal y la familia se volvió una obligación. Nada era más importante que el trabajo y las horas dedicadas a él significaban una muestra del compromiso profesional que beneficiaba a la familia al contar con sustento y dinero.
Hasta que llegaron los millennials y nos enseñaron que eso es el gran abuso del capitalismo. Hacia el primer cuarto del Siglo XXI protestaron y algunas normas empezaron a cambiar en los corporativos, pero también en los emprendimientos y hasta en el freelancing. Esta forma de ver la vida implicó privilegiar el bienestar individual pero también el tiempo en familia.
El plato fuerte
Incluso alcanzó a las monarquías, como en el caso del príncipe Harry. Se fue de Reino Unido aduciendo una campaña de odio, desprestigio y racismo hacia su mujer desde la prensa británica y los confines del Palacio de Buckingham, al grado de sentir que temía por la seguridad de ella. Esto lo llevó a salir de “una jaula en la que están atrapados mi padre y mi hermano (el rey y el príncipe heredero al trono, respectivamente)”, y todo lo que hizo, ha repetido en múltiples ocasiones, “es por proteger a mi familia”.
La otra monarquía pro familia es la de Noruega, cuyo rey, el recientemente fallecido Harald V, se hizo a un lado y mantuvo el silencio ante las crisis de su hijo, el príncipe heredero Haakon, cuya esposa Mette-Marit es mencionada en los Epstein files, que la echaron de cabeza como “amiguis” del fallecido convicto por abuso infantil y tráfico de personas, al grado de haberse hospedado en su casa de Florida.
Además, la princesa consorte ya tenía encima el caso de su hijo natural Marius Borg, nietastro de Harald. El chamaco resultó una fichita: dealer de drogas (como su padre, la pareja de Mette antes de conocer al príncipe Haakon), violentador de mujeres y abusador sexual. En un juicio que duró siete semanas, acumuló 38 crímenes de los cuales fue declarado culpable de varios, incluidas dos violaciones. Le dieron cuatro años de prisión que apeló para pasarlos en libertad condicional.
Así, el príncipe heredero protegió a su esposa como caballero medieval del Siglo XI y dijo a las cámaras y medios de Europa:
— “Mi prioridad es como padre, después como esposo y por último como rey. Primero están el bienestar de mis hijos, incluido Marius (su hijastro) y la salud física y mental de Mette. Después de eso cumpliré con mis obligaciones”.
— PUM.
Esto quedó manifestado tras la recuperación de Mette, quien además de todo lo anterior, sufre fibrosis pulmonar y recibió un trasplante de pulmón durante el proceso de su hijo y su crisis de reputación. Durante el Día Nacional de Noruega, el 17 de mayo, el público la ovacionó y, hasta el cierre de esta edición en agosto, las encuestas locales de índices de popularidad la muestran como una princesa consorte querida, a quien se le perdonan los errores y a la que el 50% de la población, al menos, quiere ver reinar.
La sobremesa
Al contrario que los poderosos Windsor, quienes anteponen el deber sobre la familia, la estabilidad emocional y lo que haga falta, los modernos escandinavos demuestran que lo de hoy es ser cálido, humano, comprensivo y hasta alcahuete.
¿Qué importa si tu hijastro violó a dos chicas aprovechando su estatus royal? No importa si su madre, tu esposa y futura reina, haya llamado a las víctimas de su hijo para tratar de convencerlas de echar para abajo las acusaciones… ¡Tampoco si hace unos años ella se fue a pasar unas vacaciones sola con un desconocido millonario al que solo conocía por mail! El chiste es que defiendas a tu familia.
Y se vale.
Solo que en las monarquías el trabajo nunca se acaba y es de por vida en el mismo lugar (a menos que huyas, como Harry), mientras que en las oficinas uno puede optar por renunciar y hasta cambiar de profesión u oficio. Con el riesgo, claro, de no encontrar otro trabajo, puesto o remuneración adecuada para nuestras expectativas.
La vida profesional, en una oficina o en una monarquía es igual en el mismo aspecto: ¿hasta dónde vale más la economía que puedo proveer a mi familia con esta carga laboral y hasta dónde puedo decidir renunciar a todo con tal de proteger el bienestar emocional de mi familia y el mío propio?
Espero sus respuestas en los comentarios…
Gabriella Morales-Casas (@elprincipadogaby)
Es periodista desde 1993 y se desempeña como comentarista de televisión y radio, además de ser creadora de contenido en @elprincipadogaby. Como consultora de comunicación y relaciones públicas, ha trabajado en dobleuEse Atelier desde 2020, donde actualmente es directora de Foreign Affairs.
Gabriella Morales-Casas (@elprincipadogaby)
Es periodista desde 1993 y se desempeña como comentarista de televisión y radio, además de ser creadora de contenido en @elprincipadogaby. Como consultora de comunicación y relaciones públicas, ha trabajado en dobleuEse Atelier desde 2020, donde actualmente es directora de Foreign Affairs.
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